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By Diane Wei Liang

Los angeles moderna y emprendedora Mei acaba de abrir una agencia privada de detectives en pleno corazon de Pekin. Esta mujer joven es un simbolo evidente del gran cambio cultural y economico que esta viviendo China. Al volante de su Mitsubishi rojo, y con un hombre como secretario, Mei esta preparada para su nuevo trabajo. Cuando un cliente le pide que encuentre un valioso jade de l. a. dinastia Han sustraido de un museo en plena Revolucion Cultural, Mei se vera obligada a profundizar en ese oscuro periodo de l. a. historia de China. los angeles investigacion de Mei revela una trama que tiene mucha mas relacion con el pasado y l. a. historia de su propia familia de lo que podria haber esperado. Esto los angeles llevara a l. a. trastienda de Pekin y a un secreto tan bien guardado que, desenterrarlo, amenazara con destruir lo que Mei consideraba sagrado...

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Nunca ha querido hablar de aquel periodo de su vida. Le echó una mirada a Mei con todo el dolor del mundo en los ojos. –Lo siento, Mei. Si no quieres continuar con lo del jade, lo comprendería. –Voy a continuar, y lo voy a encontrar –le espetó Mei. Su voz se desvaneció. Ahora estaban los dos callados. Las camareras habían desaparecido. El salón de té estaba vacío. Un regusto almizclado llegaba de no se sabe dónde. –¿Sabes lo que es el ojo de jade? –preguntó Mei. El día anterior había llamado a Pu Yan con l. a. misma pregunta; pero él no sabía l. a. respuesta. Le dijo a Mei que iba a preguntar a algunos de sus colegas y que los angeles llamaría si se enteraba de algo. También el tío Chen estaba confuso. –No. Me temo que no –apretó los labios y sacudió los angeles cabeza–. ¿Por qué? –Puede que no sea nada –dijo Mei–. Tengo que irme y dejarte volver a casa con los angeles tía. Va a pensar que te he secuestrado. Mei se levantó, empujando silenciosamente los angeles silla hacia atrás. El tío Chen levantó l. a. vista. Una melancolía oculta oscilaba tras sus poco profundos ojos. –Ya te llamaré –dijo Mei. los angeles puerta volvió a atascarse, así que los angeles dejó entornada. Fuera, el sol había explotado en mil pedazos de luz blanca. 30 –El jefe no está –dijo el encargado de l. a. tienda de Wu el Padrino. period alto, con l. a. nariz como el pico de un cuervo. Llevaba un metro de seda negra colgado del hombro. –¿Está usted seguro? –Mei frunció los labios–. Dígale que vengo del lodge Esplendor. Él l. a. estudió vagamente, contrayendo los angeles nariz. Una nube de sospecha rondaba por sus ojos. Finalmente asintió con los angeles cabeza y volvió a su trasiego de recibos. Detrás de ellos, los tenderos cuchicheaban, l. a. gente iba y venía. Le trajeron un recibo y estampó en él el sello de l. a. tienda con tinta roja. Luego se dio los angeles vuelta y salió. Una puerta se abrió y se cerró sin ruido. El cuervo negro ya no estaba. los angeles ventana estaba abierta al sol radiante. Wu el Padrino estaba sentado de espaldas a l. a. ventana, observando a Mei desde detrás de una gran mesa oblong. Parecía una vieja mesa de altar que una vez hubiera estado ante un oratorio frequent, con las patas talladas y sin cajones. No había gran cosa encima de ella: una pluma, una libreta, un teléfono, una figurita de porcelana de dos soldados del Ejército de Liberación renowned (un hombre y una mujer) en una pose de ballet, una lámpara con pantalla de seda, un paquete de tabaco, un mechero de plata y un cenicero de cristal. Wu el Padrino aflojó los puños sobre l. a. mesa. Los músculos le abultaban debajo del polo. Fijó l. a. mirada en Mei. –¿Qué es lo que quiere? Mei estaba sentada ante él en una silla de palo de rosa de respaldo cuadrado. –¿Mató usted a Zhang Hong? Tenía tanta prisa por salir de allí que casi me tira al suelo. Los puños de Wu el Padrino se deslizaron fuera de l. a. mesa. Encuadró a Mei con una larga mirada vacía. –Se mató él mismo. –¿Por qué iba a hacer eso? A ese tipo nunca le había ido tan bien: dinero, una mujer, una nueva vida... Wu el Padrino soltó un gruñido gutural. –¿Dinero? El muy idiota tenía que haberse ido de Pekín mientras aún le quedaba algo.

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